El Viaje - Encuentro y Camino con la Danza Árabe del Vientre

Yo crecí en una familia masculina. Padre, hermanos, primos, tíos, medio-hermanos, abuelos. A las mujeres de mi familia les toco, o la guerra o la revolución sexual y se tuvieron que, en algunos puntos masculinizar para lo que cada una de ellas llamó en su momento; sobrevivir. Luchar contra el hambre, las bombas, las invasiones, soldados que hablaban otro idioma, ser independientes, que sus opiniones cuenten, escapar de la policía de civil y de sus autos Falcon y gases lacrimógenos, tener vida sexual antes del matrimonio...
A los dos años tenia el pelo tan corto como mi hermano mayor y me vestían com la ropa que a el no le quedaba. Ni bien pude, pedí un vestido de princesa. Después estudie ballet, danza contemporánea, jazz, danzas africanas y flamencas; hice danza teatro, vídeo danza. Entré a la universidad y entonces estudie las culturas primitivas, el Egipto faraónico, la sociedad y la cultura medieval. Fue cuando llegó a Belo Horizonte; Brigitte Bacha, libanesa y bailarina. En sus clases descubrí un mundo de mujeres que parecían lápices dibujando una caligrafía hermosa y extraña. Se relacionaban de forma extraña. Encontré mi barriga y mi cadera, mis manos y mi cola, mis pechos y mi espalda, los dedos de mis pies y mi piel de mujer. Paulatinamente entendí otra realidad, que era de otra época, de otra cultura, de otro genero. Había vestidos de princesa y no hacia falta hacer fuerza ni ser delgada ni pequeña. Se podía ser frágil y vigorosa, sutil y decidida, fogosa y maleable. Se podía ser mujer.
A los 21 me recibí de historiadora y quería bailar danza del vientre. Llegaron los artículos sobre la danza como piedras preciosas, también las pinturas orientalistas y las confusiones, esclavas, gitanas o princesas? Vinieron los libros, Shokry Mohamed, Internet, alumnas, compañerismo, investigaciones, experimentaciones, complicidades, la simplicidad diferente de la música oriental, confianza, una panza cada vez más grande, un niño, Nur Banu, videos, Hossam Ramzy, y mucha, mucha danza... Y la danza sigue cambiando. Porque la danza árabe cambió en todo este tiempo. Desde las primeras danzas del vientre o danzas pélvicas primitivas, hasta ahora, la danza árabe del vientre sigue cambiando. Está viva, en evolución. En movimientos pequeños dentro de cada mujer que la baila, ó en grandes tendencias mundiales de estilo o modismos. Esta danza tiene todo el mundo femenino, desde lo más esencial hasta lo más publicitario.Y no hablo solo de los estilos de danza; sino de las relaciones que se generan en torno a ella y de los sentimientos y cambios personales que surgen de su practica.
La danza del vientre es un viaje de ida.
Buen viaje para todas nosotras.
Paula Lena, Buenos Aires - verano del 2002.
Texto publicado en: "El Menú de Buenos Aires" periódico cultural, Bs. As.